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AyelénAllende

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  • Nos estamos quedando sin gorriones, golondrinas ni perdices

    La organización conservacionista SEO/BirdLife acaba de presentar los datos del su Programa de Seguimiento de Aves Comunes en Primavera (SACRE), que esta temporada cumple su 25 aniversario en España.


    Ciencia Medioambiente - Cmo se adaptaron los gorriones comunes a su vida  con los humanos


    Con la participación de más de un millar de voluntarios, este programa de ciencia ciudadana dedicado al estudio de las aves silvestres ofrece datos consolidados y validados científicamente sobre el estado de conservación de más de 100 especies presentes en nuestro país, las más comunes, aportando más conocimiento que ningún otro sistema de seguimiento.


    Y la información recopilada señala que el 37% de las aves más comunes, incluyendo especies tan conocidas como la perdiz, el gorrión o la golondrina, se encuentran en una situación poblacional desfavorable. Los impactos del cambio climático en los ecosistemas y las prácticas agrícolas insostenibles figuran entre las principales causas, pero no las únicas.


    Con una metodología diseñada y validada por la comunidad científica internacional, los datos del programa Sacre en España ofrecen una información consolidada que deberían llevar a la puesta en marcha de políticas claras de conservación por parte de las administraciones. Y es que los datos no son nada buenos.


    Para Asun Ruiz, directora ejecutiva de SEO/Birdlife “Estos resultados deben ser interpretados como una señal de alarma, un aviso a navegantes que debe activar políticas y actuaciones claras para atajar la crisis ecológica que estamos sufriendo”.


    Algunas de las especies en declive figuran entre las más comunes. Aves urbanas y de campo que actúan como bioindicadores de pérdida de calidad ambiental: auténticos semáforos en rojo a los que debemos prestar atención. Entre todas las especies de las que se ha podido obtener información, SEO/BirdLife pone el foco en cinco de ellas, dado que ilustran la situación de otras muchas en distintos hábitats: son el roquero rojo, el alcaudón real, la perdiz roja, el vencejo común y el petirrojo europeo.

    El roquero rojo, con un descenso del 95,3% en sus poblaciones desde 1998, podría entrar en peligro crítico en base al análisis preliminar de la evolución de su población. En este caso se trata de una especie ligada a la alta montaña y la disminución de sus efectivos es de las más altas registradas entre las aves comunes. El cambio climático podría ser uno de los principales causantes de su declive, pues es en los ecosistemas alpinos donde este fenómeno está originando cambios más rápidos y profundos.


    El alcaudón real es otra de las especies que se están viendo más afectadas. Esta pequeña ave con comportamiento de rapaz es un gran depredador de saltamontes, grillos y pequeños vertebrados que cada día son más escasos, Su población ha experimentado un declive del 62,6% y entre las principales causas figura el abuso en la utilización de productos químicos en las explotaciones agrícolas, sustancias biocidas que contaminan los hábitats que rodean a los campos y destruyen la cadena trófica.


    La perdiz roja es una de las especies más ligada a los medios agrícolas y, a pesar de ser granívora, su desarrollo depende en gran medida de la presencia de insectos, por lo que se ve muy afectada por el uso de plaguicidas. Los resultados del programa de seguimiento muestran una tendencia desafavorable con una disminución del 38,4% en sus poblaciones. Además la especie se esta viendo amenazada por la repoblación e hibridación con ejemplares de granja o por la caza en lugares donde sus poblaciones silvestres se muestran a la baja.


    El vencejo común pasa la mayor parte de su vida en el aire y solo deja de volar para sacar adelante a sus puestas. Es una especie urbana, muy común en nuestros pueblos y ciudades, que durante siglos ha permanecido ligada a las construcciones humanas, donde encuentra huecos en los que sacar adelante a sus pollos. Pero cada vez resulta más escasa debido a la contaminación del aire, la falta de lugares donde criar, la destrucción de sus nidos o la falta de alimento. En los últimos años sus poblaciones han descendido un 27,2 %.


    Pero no todas las especies comunes están en retroceso. El petirrojo europeo, por ejemplo, como otras especies forestales (no todas) muestra una evolución positiva en sus poblaciones, con un aumento del 44,4%. El abandono de la actividad agrícola, así como las reforestaciones llevadas a cabo en los últimos años están favoreciendo el aumento de nuestra superficie forestal, y eso es una buena noticia para este simpático y muy querido pajarillo.


    “Sorprende ver en la lista de especies en declive a aves que forman parte de nuestro imaginario colectivo”, señala Asun Ruiz, “aves que nos han acompañado siempre, como el gorrión, y que son el termómetro de la salud de nuestro medio ambiente y en definitiva del estado de nuestra calidad de vida”, añade. En ese sentido cabe destacar que los datos del programa SACRE son uno de los indicadores a los que acude la Oficina Europea de Estadística (Eurostat), para determinar el índice de calidad de vida de la ciudadanía europea.


    (*) Esta nota fue extraída de El confidencial
    rebegegpapasergio
  • Cuando despertemos, la crisis climática y sistémica todavía estará allí. Por vicent cucarella

    Vicent Cucarella, economista y autor de “Economía para un futuro sostenible”
    La crisis sanitaria ha llegado en un momento en que ya sufríamos dos importantes retos: el cambio climático y el cenit en la energía procedente de los combustibles fósiles. Estos han permitido un desarrollo social y un crecimiento económico sin precedentes, pero también han provocado la emergencia climática. Sin su energía se hunde la sociedad, puesto que las fuentes renovables presentan graves limitaciones y necesitan cuantiosos recursos naturales, ya escasos. Son problemas que proseguirán cuando superemos la crisis sanitaria.

    Que diferencias hay entre crisis climtica y cambio climtico   GasteizBerricom

    La pandemia ha provocado una crisis económica coyuntural, pero los otros dos retos implican una reducción estructural del nivel de la economía, no solo por la voluntariedad de atenuar el cambio climático, sino también por la disminución de la energía barata, abundante y versátil. Por eso, a la transición energética debe unirse la transición hacia sociedades con menos energía y actividad económica.

    Los actuales planes de recuperación, transformación y resiliencia incorporan principalmente medidas de reactivación económica y reconstrucción de aquello que existía, pero no de auténtica transformación. Es más, el aumento de complejidad en los procesos y tecnologías, así como el mantenimiento de la globalización, implican caminar en sentido contrario a la resiliencia.

    Dotar de resiliencia el sistema significa prepararlo para afrontar estos retos, que se concretan en amenazas como: falta de bienes clave para la economía local; aumento de fenómenos climáticos extremos; perturbaciones en la producción agrícola, ganadera y pesquera; aumento de patologías; graves impactos en ecosistemas; inseguridad en la disponibilidad de agua; reducción e interrupciones del comercio internacional; quiebra de empresas dependientes del turismo y la globalización; desaparición de determinados productos petroquímicos; reducción de la producción agroindustrial de alimentos; problemas en el suministro eléctrico; desocupación masiva; potenciales desórdenes públicos; etc.

    Por lo tanto, la crisis se debe abordar teniendo en cuenta el resto de crisis. Habrá que aprovechar las ayudas públicas para, al mismo tiempo, atenuar el impacto medioambiental y garantizar los suministros básicos, evitando los proyectos fantasiosos nacidos al calor de los programas de recuperación. Entre los sectores que probablemente menguarán su peso por resultar obsoletos o contrarios a los objetivos de la transición está la automoción, la aeronáutica, el turismo masivo, los plásticos o los fertilizantes químicos, entre otros.

    En estos casos, las ayudas no deberían ir encaminadas a mantener el nivel del sector, sino a la reconversión laboral de los trabajadores afectados.

    Entonces, ¿cómo afrontar una crisis coyuntural como esta al mismo tiempo que afrontamos la crisis integral? ¿Cómo ganar resiliencia ante los retos enunciados? Con la perspectiva de preparar el sistema para anticipar las crisis latentes y evitar un colapso
    social, presento algunas propuestas:

    ■ Reparto del trabajo. Menos horas por persona trabajadora, pero mantenimiento de la ocupación. Reparto extensible a las tareas domésticas, de cuidado, asociativas y comunitarias.
    ■ Más autosuficiencia territorial en bienes y servicios fundamentales. Disposición de un mapa exhaustivo de la producción local, para conocer qué producimos y dónde, y cruce con un repertorio de necesidades básicas (alimentación, productos de primera necesidad, ropa, productos sanitarios, de higiene o limpieza, etc.), para detectar las vulnerabilidades ante desabastecimientos por falta de energía o de transportes, pandemias, perturbaciones climáticas, conflictos bélicos o guerras comerciales. Será la base para eventuales planes de contingencia.
    ■ Ruralización. Reducción de la concentración en grandes ciudades e impulso a la re-ruralización. Trabajo y teletrabajo atractivos en núcleos rurales, mejores sistemas de información y comunicación. Fomento de la producción, los servicios y el consumo local.
    ■ Planes de resiliencia productiva que abarcan los dos puntos anteriores. Formación en determinadas ocupaciones, reconversión de industrias, reaprovechamiento de terrenos agrícolas: agroecología, soberanía alimentaria, transferencia de conocimientos de los agricultores tradicionales y de las cooperativas agrícolas, etc.
    ■ Educación. Incorporación en el currículum de conocimientos y aptitudes fundamentales: nociones de agricultura para entender los ciclos naturales, reparaciones básicas que alarguen la vida de los objetos, cocina básica, cuidados esenciales, etc. Preservación de los saberes tradicionales con material escrito y audiovisual sobre conocimientos prácticos. Formación ciudadana en prácticas sostenibles.
    ■ Economía más diversificada. Disponibilidad de fondo de reserva de bienes y servicios básicos o con capacidad local para su suministro para garantizar la resiliencia comunitaria.
    ■ Seguridad y soberanía energética. Control público de las principales fuentes energéticas, apuesta por energías renovables (aceptando sus limitaciones), impulso a las comunidades energéticas locales, promoción de la reducción del consumo energético, etc.
    ■ Reducción de la movilidad motorizada. Teletrabajo con criterios de racionalidad energética en todos los sectores posibles, barrios multifuncionales y auto-contenidos –«Ciudad de 15 minutos»–, bicicletas y vehículos de movilidad personal, transporte de bajas emisiones (trenes, tranvías, no a las locomotoras diésel, disminución de la alta velocidad, reconversión del transporte marítimo), supresión de ayudas al transporte aéreo, etc.
    ■ Viviendas nuevas y reformadas con bajo consumo energético. Orientación, canalización de corrientes de aire, sistemas pasivos, aislamientos, etc.
    ■ Control de acuíferos. Anticipación para garantizar el abastecimiento de agua para el consumo humano y los productos alimentarios básicos.
    ■ Disminución y reutilización de envases.
    ■ Reducción de la obsolescencia de los aparatos. Fomento del alquiler en lugar de la adquisición, que traslada a los productores la responsabilidad de garantizar una larga vida útil a los dispositivos.
    ■ Acondicionamiento de las zonas de costa. Previsión de la regresión por cambios en las corrientes marinas, por menores aportaciones de arena y por la elevación del nivel del mar.
    ■ Abandono del PIB per cápita como principal indicador del bienestar. Más atención a la distribución de la renta y a la satisfacción de las necesidades básicas a todos, también de las generaciones futuras.
    ■ Fomento de hábitos de vida más frugal. No a la publicidad comercial masiva que provoca la insatisfacción permanente y el crecimiento de pseudo-necesidades.
    rebege