Desafío de cocina rica y facilDesafío de cocina rica y facil

Cuando despertemos, la crisis climática y sistémica todavía estará allí. Por vicent cucarella

AyelénAllendeAyelénAllende Miembro Publicaciones: 15
editado 30 de April en Cambio Climático
Vicent Cucarella, economista y autor de “Economía para un futuro sostenible”
La crisis sanitaria ha llegado en un momento en que ya sufríamos dos importantes retos: el cambio climático y el cenit en la energía procedente de los combustibles fósiles. Estos han permitido un desarrollo social y un crecimiento económico sin precedentes, pero también han provocado la emergencia climática. Sin su energía se hunde la sociedad, puesto que las fuentes renovables presentan graves limitaciones y necesitan cuantiosos recursos naturales, ya escasos. Son problemas que proseguirán cuando superemos la crisis sanitaria.

Que diferencias hay entre crisis climtica y cambio climtico   GasteizBerricom

La pandemia ha provocado una crisis económica coyuntural, pero los otros dos retos implican una reducción estructural del nivel de la economía, no solo por la voluntariedad de atenuar el cambio climático, sino también por la disminución de la energía barata, abundante y versátil. Por eso, a la transición energética debe unirse la transición hacia sociedades con menos energía y actividad económica.

Los actuales planes de recuperación, transformación y resiliencia incorporan principalmente medidas de reactivación económica y reconstrucción de aquello que existía, pero no de auténtica transformación. Es más, el aumento de complejidad en los procesos y tecnologías, así como el mantenimiento de la globalización, implican caminar en sentido contrario a la resiliencia.

Dotar de resiliencia el sistema significa prepararlo para afrontar estos retos, que se concretan en amenazas como: falta de bienes clave para la economía local; aumento de fenómenos climáticos extremos; perturbaciones en la producción agrícola, ganadera y pesquera; aumento de patologías; graves impactos en ecosistemas; inseguridad en la disponibilidad de agua; reducción e interrupciones del comercio internacional; quiebra de empresas dependientes del turismo y la globalización; desaparición de determinados productos petroquímicos; reducción de la producción agroindustrial de alimentos; problemas en el suministro eléctrico; desocupación masiva; potenciales desórdenes públicos; etc.

Por lo tanto, la crisis se debe abordar teniendo en cuenta el resto de crisis. Habrá que aprovechar las ayudas públicas para, al mismo tiempo, atenuar el impacto medioambiental y garantizar los suministros básicos, evitando los proyectos fantasiosos nacidos al calor de los programas de recuperación. Entre los sectores que probablemente menguarán su peso por resultar obsoletos o contrarios a los objetivos de la transición está la automoción, la aeronáutica, el turismo masivo, los plásticos o los fertilizantes químicos, entre otros.

En estos casos, las ayudas no deberían ir encaminadas a mantener el nivel del sector, sino a la reconversión laboral de los trabajadores afectados.

Entonces, ¿cómo afrontar una crisis coyuntural como esta al mismo tiempo que afrontamos la crisis integral? ¿Cómo ganar resiliencia ante los retos enunciados? Con la perspectiva de preparar el sistema para anticipar las crisis latentes y evitar un colapso
social, presento algunas propuestas:

■ Reparto del trabajo. Menos horas por persona trabajadora, pero mantenimiento de la ocupación. Reparto extensible a las tareas domésticas, de cuidado, asociativas y comunitarias.
■ Más autosuficiencia territorial en bienes y servicios fundamentales. Disposición de un mapa exhaustivo de la producción local, para conocer qué producimos y dónde, y cruce con un repertorio de necesidades básicas (alimentación, productos de primera necesidad, ropa, productos sanitarios, de higiene o limpieza, etc.), para detectar las vulnerabilidades ante desabastecimientos por falta de energía o de transportes, pandemias, perturbaciones climáticas, conflictos bélicos o guerras comerciales. Será la base para eventuales planes de contingencia.
■ Ruralización. Reducción de la concentración en grandes ciudades e impulso a la re-ruralización. Trabajo y teletrabajo atractivos en núcleos rurales, mejores sistemas de información y comunicación. Fomento de la producción, los servicios y el consumo local.
■ Planes de resiliencia productiva que abarcan los dos puntos anteriores. Formación en determinadas ocupaciones, reconversión de industrias, reaprovechamiento de terrenos agrícolas: agroecología, soberanía alimentaria, transferencia de conocimientos de los agricultores tradicionales y de las cooperativas agrícolas, etc.
■ Educación. Incorporación en el currículum de conocimientos y aptitudes fundamentales: nociones de agricultura para entender los ciclos naturales, reparaciones básicas que alarguen la vida de los objetos, cocina básica, cuidados esenciales, etc. Preservación de los saberes tradicionales con material escrito y audiovisual sobre conocimientos prácticos. Formación ciudadana en prácticas sostenibles.
■ Economía más diversificada. Disponibilidad de fondo de reserva de bienes y servicios básicos o con capacidad local para su suministro para garantizar la resiliencia comunitaria.
■ Seguridad y soberanía energética. Control público de las principales fuentes energéticas, apuesta por energías renovables (aceptando sus limitaciones), impulso a las comunidades energéticas locales, promoción de la reducción del consumo energético, etc.
■ Reducción de la movilidad motorizada. Teletrabajo con criterios de racionalidad energética en todos los sectores posibles, barrios multifuncionales y auto-contenidos –«Ciudad de 15 minutos»–, bicicletas y vehículos de movilidad personal, transporte de bajas emisiones (trenes, tranvías, no a las locomotoras diésel, disminución de la alta velocidad, reconversión del transporte marítimo), supresión de ayudas al transporte aéreo, etc.
■ Viviendas nuevas y reformadas con bajo consumo energético. Orientación, canalización de corrientes de aire, sistemas pasivos, aislamientos, etc.
■ Control de acuíferos. Anticipación para garantizar el abastecimiento de agua para el consumo humano y los productos alimentarios básicos.
■ Disminución y reutilización de envases.
■ Reducción de la obsolescencia de los aparatos. Fomento del alquiler en lugar de la adquisición, que traslada a los productores la responsabilidad de garantizar una larga vida útil a los dispositivos.
■ Acondicionamiento de las zonas de costa. Previsión de la regresión por cambios en las corrientes marinas, por menores aportaciones de arena y por la elevación del nivel del mar.
■ Abandono del PIB per cápita como principal indicador del bienestar. Más atención a la distribución de la renta y a la satisfacción de las necesidades básicas a todos, también de las generaciones futuras.
■ Fomento de hábitos de vida más frugal. No a la publicidad comercial masiva que provoca la insatisfacción permanente y el crecimiento de pseudo-necesidades.
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rebege
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